CUARTO CIRCULO VIRTUAL: ¿ALIADO O FEMINISTA?

4º Círculo Virtual para Hombres. ¿Aliado o Feminista?

 

Antes de comenzar el tema elegido nos preguntamos por el mes, cómo nos hemos sentido y si nos ha pasado algo reseñable desde nuestra búsqueda.

Jorge menciona que esa misma mañana ha estado en una carrera y que después había una clase de aerobic y que él y otro amigo suyo se han puesto a hacerlo, seriamente. Y si han dado cuenta de cómo había otra serie de hombres que miraban, reían y se burlaban desde la lejanía. A Jorge esto le ha parecido gracioso porque luego uno de los hombres que miraban se ha metido dentro del baile pero para hacerlo mal y hacer las bromas.

 

Empezamos el tema elegido:

Julián menciona que la diferencia entre ser Aliado del feminismo y ser Feminista está en que cuando eres Aliado eres un hombre que te posicionas a favor de la causa de las mujeres, cuando eres feminista no solo estás a favor de la causa  sino que estás a favor de tus propias causas. Es decir, no solo luchas por su discriminación y la visibilización, además luchas por tus causas dentro de las masculinidades tradicionales o hegemónicas.

Un aliado es alguien, desde el punto de vista de grupos de mujeres, que está a disposición para la ayuda de las causas feministas. Un hombre feminista lucha por la igualdad total.

 

Luis no tiene clara la diferencia. Incluso mencionando este tema entre sus compañeras tampoco lo tienen tan claro. Es un abordaje necesario y actual, parece ser.

Para él un aliado no lidera, aprende de mujeres feministas y las acompaña en la lucha y es corresponsable de su lucha.

Un hombre feminista es consciente de la desigualdad y lucha activamente por cambiarla. Difunde, defiende y divulga el feminismo.

Luis ha preguntado a una amiga y ella considera: “Yo no encuentro diferencias. Pienso que para ser un hombre aliado del feminismo tiene que ser por fuerza un hombre feminista.

Entendiendo el feminismo como una ideología, no se puede ser aliado de la misma si no se comparte su ideología, por lo tanto ya es feminista.”

Concluye para finalizar Luis que lo que no debe, por cuestión moral y de coherencia, es LIDERAR el movimiento feminista.

Su papel debe ser secundario, aliado y de apoyo, pero no de líder.

 

Julio piensa en contra de lo que se plantea. No podemos entender que considerarnos “aliados” en la lucha es ser menos en la causa feminista. Parece que te mantienes un poco en la retaguardia. Se puede luchar muchísimo siendo aliado del feminismo, pero es difícil asumir que se es feminista por todos los matices que tiene esta lucha. En su fuero interior menciona que le cuesta asumir el feminismo como de uno mismo, individualmente. Por mucho que nos pongamos en el papel de las mujeres, es muy difícil vivir sus opresiones y discriminaciones. Menciona que cuanto más lee y se informa, más alejado se siente de “ser feminista”. No por estar en desacuerdos con las causas feministas sino por todos los privilegios que reconoce en él y que son apenas perceptibles, se ven pero de una manera muy sutil. Por ejemplo, cuando habla un hombre a la hora de organizar una foto grupal, parece que cuando el hombre organiza, todo el mundo atiende, cuando una mujer lidera esa organización, la cosa es más costosa. Esa es su experiencia. Julio prefiere situarse más cerca del “aliado” que del de “hombre feminista”.

 

Julián discrepa en algún punto de lo que Julio mencionaba. Él no distingue la diferencia entre ser un hombre igualitario (aliado) y ser un hombre feminista.

Julio menciona la analogía con los movimientos antiracistas. Él puede ver todo lo que han padecido a lo largo de la historia. Hubo blancos que ayudaron, pero los blancos no pueden liderar las causas antiracistas.

Jorge propone que tal vez podríamos estar usando los dos términos de manera diferenciada. Somos feminista desde un ámbito público porque el feminismo es una corriente política y pública, sin embargo, somos aliados del feminismo porque no somos sujetos de las discriminaciones, aunque el patriarcado también cohibe ciertos de nuestros comportamientos privados. Incluso los más sutiles. Por ello, como aliados en nuestros ámbitos subjetivos, podemos tener un peso importante. Julián menciona que incluso desde los micromachismos como cambios de conductas.

 

Julián pone el ejemplo de algo que se dice de manera recurrente: “Los hombres feministas no deben liderar el feminismo, el movimiento”. Esto tiene sentido en este momento histórico, en el que las mujeres siguen estando discriminadas en relación a los hombres. Ahora, propone una hipótesis, imaginémonos que dentro de 100 años lleguemos a una sociedad en la que las mujeres tengan una situación de igualdad plena. Ahí esa limitación no tendría sentido. Los liderazgos, las posiciones surgirían desde una conciencia igualitaria.

Julio menciona que hoy en día es compleja esta distinción, nos queda mucho para llegar a esa situación hipotética. Hay determinados sectores del feminismo que no admiten a mujeres trans. Él está de acuerdo con ello en parte porque esa mujer nace hombre y hasta que no realiza el cambio de género no empieza a sufrir esa discriminación. Matices igual de complejos hay en los feminismos gitanos o los feminismos racializados (musulmanes, negros, latinoamericanos, coloniales, etc.). A priori, parece una postura crítica de mujer blanca como líder del feminismo y es entonces cuando la horizontalidad del movimiento se descubre jerárquica. Todos los feminismos tienen puntos en común, este es sortear las discriminaciones. En muchos casos la inclusión de hombres en estos movimientos diluyen las causas comunes. Como a veces ocurre con la inclusión de los demás feminismos.

 

Julio menciona esta frase de Kelley Temple: “Los hombres que deseen ser feministas no necesitan un lugar definido dentro del feminismo. Ellos deben tomar el espacio que tienen dentro de la sociedad y hacerlo  feminista”.

 

La mujer a la que ha preguntado Julio considera que ella es partidaria de los hombres feministas. Porque parece que ser aliado es ser mucho menos, pero no tiene por qué.

A Julián se le ocurre un ejemplo. Cuando un hombre le dice a su mujer, en relación a las tareas domésticas, “te ayudo” es un aliado, pero cuando asume su responsabilidad es un feminista.

 

Julio nos propone un experimento mental: Imaginemos que el deporte fuera mixto. Si una mujer es tan buena como un hombre. Juegan al mismo nivel, ¿habría inconveniente en que jugara dentro del equipo? ¿habría algún problema en que fuera la capitana?
Sin embargo, nosotros mismos, que podemos ser feministas, deberíamos por no liderar. Si hay un problema en liderar un movimiento es que precisamente no estamos autorizados para combatir parte de esas causas del movimiento. ¿Un hombre blanco antiesclavista podría liderar las causas de los movimientos antiesclavistas? Un hombre blanco puede apoyarlas, ser aliado e incluso siendo blanco , ser antiracista. La distinción aquí parece más clara.

 

Julián dice que para llegar a una sociedad igualitaria debemos apelar a hombres y a mujeres por igual. Un movimiento feminista únicamente de mujeres que pide a los hombres que lo único que deben hacer es no estorbar podría crear un contramovimiento en contra del feminismo y eso sería un error garrafal.

 

Julio concluye que para que algo se mueva son necesarias una fuerza y una ausencia de resistencia. Con el movimiento de AHIGE puede ir más deprisa, pero simplemente con que no hubiera las resistencias del patriarcado ya avanzaríamos en temas tan complejos como, por ejemplo, la prostitución. En este espacio no puede entrar el feminismo y son los hombres los que tienen que destruirlo desde dentro.

 

Luis hace un apunte afirmando que algunos colectivos feministas nos consideren no feministas si nos denominamos solo como aliados. Hay diferentes formas de pensar y debemos escucharlas, asumirlas y saber cómo diferenciarlas y desde dónde vienen.

 

Jorge concluye que aunque nos vean como “estorbos” o como falsos aliados esto no puede impedirnos tomar ciertos problemas y empezar a trabajar sobre ellos. Muchos, como apunta Julio, nacen y se sostienen en nuestra deriva de la cosificación de la mujer o de la minimización de su presencia pública, así como nuestra ausencia de cuidados, emociones o corresponsabilidad en el hogar. Un aliado puede ser un buen feminista si sabe cuál es su ámbito de acción y un feminista debe ser, por ende, un buen aliado, porque las causas ideológicas del feminismo afectan principalmente a mujeres y colateralmente a hombres. No podemos renunciar a una parte de la lucha, aunque sea indirecta o menor.

 

 

Finalmente hablamos que en los meses de julio y agosto tendremos también sesiones virtuales y queremos hacer alguna lectura o recomendación. El tema queda abierto para que cualquier pueda proponer la siguiente búsqueda.

 

Jorge posteriormente al Círculo ha preguntado a su compañera de departamento sobre este diálogo y ella ha planteado lo siguiente: cabe ser feminista en todos los ámbitos, pero se debería ser feminista en un ámbito no mixto con varones. Ser aliado del feminismo se debería ser en un entorno mixto para no invisibilizar la lucha de las mujeres y sus discriminaciones.

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