LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (XXIX): Los Nuevos Padres

Julián Fernández de Quero

La extensión de la filosofía de la paternidad responsable supone un cambio revolucionario de actitudes por parte de todos los seres humanos, hombres y mujeres. Sin embargo, hay que decir que las mujeres ya han recorrido una parte del camino, y son los hombres los que tienen que hacer un mayor esfuerzo para ponerse a la altura de los tiempos. Este proceso ya está en marcha desde hace un par de décadas en los países desarrolla­dos. Los llamados «nuevos padres» intentan otras formas del ejercicio de la paternidad, con todas las contradicciones y dificultades que conlleva una experiencia absolutamente novedosa de la que, lógicamente, todavía no existen demasiados estudios.

Formas de vivir la paternidad

Josep Vicent  Marqués, en el prólogo a la edición en castellano de El nuevo padre: un modelo distinto de paternidad, de Jacqueline Kelen (una de las escasas obras que abordan este tema, y a la que haremos varias referencias en este apartado), establece, según su criterio, cuatro formas distintas de vivencia de la paternidad:

Tradicional. Se caracteriza por la consideración de los hijos como algo que la mujer da al hombre en homenaje a su exitosa virilidad. El padre tradicional es autoritario, se desinteresa de la crianza y educación de los hijos y recupera el interés por ellos cuando ya pueden ser vehículo de una prolongación suya. Tiende a considerar ingratitud cualquier desviación del hijo res­pecto de los proyectos paternos.

Desorientada-tolerante. Se caracteriza por una notable reducción del autoritarismo. Hay, sin embargo, aquí más inhibición que sentimiento libertario o actitud negociadora. El padre deja en manos de la madre la tarea de criar, educar y establecer contacto con los hijos, pues se siente torpe o quizás excluido. Este padre exige y prohíbe menos que el tradicional, sin que él mismo sepa muy bien por qué. Sigue deseando que su hijo sea una prolongación suya, pero no se atreve a imponerlo.

Participativa-sustitutiva. En España es una forma incipiente. Se presenta sólo en padres muy jóvenes. Hay un deseo de mayor protagonismo con respecto a los hijos. Procuran tener un papel más activo en las primeras fases del desarrollo del hijo y asumir el reparto de las tareas domésticas con la madre. Este padre querría también ser un poco madre. Explora terrenos hasta ahora ocupados por la mujer y, según los casos y momentos, puede ser percibido por ella como encantador compañero o como rival usurpador. Recorriendo este camino erróneo, el nuevo padre querría ser hombre y mujer al mismo tiempo, y no es difícil pasar de la participación a la sustitución o suplantación de la madre.

Solidaria. El varón está dispuesto a asumir más o menos tareas con respecto a sus hijos según se acuerde con la mujer. Reconoce que su papel es modesto desde el punto de vista biológico y asume el goce de la paternidad como colaboración con la maternidad de una mujer que, sin embargo, no queda definida por la función reproductora. Esta cuarta forma de vivencia de la paternidad está aún por construir en nuestro país.

Hay, pues, un estado de confusión y disparidad de criterios propio de una situación que es inicial. Jacqueline Kelen, la autora del libro mencionado, refleja esta confusión en las opiniones de los padres entrevistados, en las de los expertos que cita y en las suyas. Así, en cuanto al carácter opcional y voluntario de la paternidad, hay quien sigue manteniendo su obligatoriedad moral “Para mí la paternidad es indispensable en la vida de un hombre”, y quien la sitúa al nivel de cualquier otra tarea motivante “La paternidad no es indispensable; un hombre tiene medios de realizarse que no sean a través de los hijos”.

Lo mismo ocurre cuando se intenta definir el sentimiento paterno. Predominan las opiniones arraigadas en la idea de los hijos como prolongación de la estirpe del padre, como forma de trascender más allá de la muerte para el padre: “Ser padre es prolongarse, crear a alguien que te sobrevivirá.» Sin embargo, comienzan a surgir opiniones más centradas en la racionalidad: Es ayudar a los niños a convertirse en adultos. Por eso, la paternidad me parece indispensable por las alegrías que procura y la responsabilidad que entraña»; «El sentimiento paterno es un sentimiento de responsabilidad que dura por lo menos veinte años. Tengo la impresión de haberme comprometido por mucho tiempo. Es formidable comprometerse.

La idea defendida de la paternidad como un ejercicio de responsabilidad, en el que se asume una tarea social que beneficia a la sociedad y al propio individuo por los placeres que procura en sí misma, se abre paso lentamente. Sigue predominando el sentimiento de posesión del producto (el hijo), de prolongación personal o de proyección del propio ideal frustrado.

 

Los prejuicios en la concepción de la paternidad       

Pero cuando se llega a la consideración de en qué consiste ser padre es cuando la permanencia de los prejuicios y las contradicciones aparecen más evidentes. Las ideas de que la función paterna es complementaria de la materna; de que el padre aporta al hijo el principio de realidad, mientras que la madre aporta el principio del placer; de que la mujer es la estabilidad y la calma, mientras que el hombre contribuye con la audacia y el espíritu emprendedor, etc., aparecen muy arraigadas todavía en la mayoría de los hombres.

Sin embargo, ya existen opiniones que no distan demasiado de las propuestas de la paternidad responsable.

“Ser padre es maravilloso: es contribuir al desarrollo físico e intelectual de un pequeño ser humano; tratar de enseñarle a ser abierto y realista; ayudarle a concebir la suerte que representa una existencia terrestre e inducirle a aprovecharse de ella con inteligencia; programa tanto más vasto cuanto que uno nunca está seguro de haberlo rea­lizado atinadamente; pero es una aventura fabulosa.»

En esta opinión de un padre resalta su conciencia de que la paternidad consiste en ayudar a un nuevo ser a desarrollarse y madurar, y de que el beneficio del padre se desprende del placer y la motivación de la propia tarea, con la asunción de su inexperiencia y del riesgo de equivocarse. Nada de trascendencias, ni de prolongaciones de uno mismo, ni de perpetuación del linaje, porque, en estos casos, el hijo es un instrumento al servicio de esos fines, pero en la opinión citada el hijo es el fin y la función paternal es el instrumento.

Tampoco la función del padre es complementaria a la que ejerce la madre. En esta idea sigue latente la concepción de la función maternal como tarea específica de la mujer, con raíces biológicas irreversibles y, por tanto, como la tarea “femenina” por antonomasia. Hay opiniones que contradicen este prejuicio: «Mi mujer y yo desempeñamos el mismo papel, con respecto al niño»; «El padre desempeña el mismo papel que la madre, independientemente del embarazo y del parto. Al principio podría no existir diferenciación entre el padre y la madre, si ambos estuvieran en condiciones de igualdad y tan disponibles el uno como el otro para el niño.» Aquí se resalta una de las condiciones de la paternidad responsable: la crianza es una tarea social que puede ser asumida, en una primera fase, por uno, dos o más adultos, siempre que la sociedad organice los medios y recursos necesarios para que dichos adultos puedan repartirse las tareas, no en función de que sean  femeninas o masculinas, sino con criterios de racionalidad, dis­ponibilidad del tiempo, planificación de las tareas, capa­citación, etc.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s