LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (XXVI): La homosexualidad en las culturas humanas

LA HOMOSEXUALIDAD EN LAS SOCIEDADES HUMANAS por Julián Fernández de Quero

Goethe escribió que la homosexualidad es tan antigua como la humanidad misma, y, por consiguiente, puede ser considerada natural; la historia humana corona esta afirmación con el aura de la verdad. Es generalmente sabido que en determinados periodos y en ciertas civilizaciones los asuntos de amor homosexual se aprobaban socialmente. Esto era así, por ejemplo, entre los griegos antiguos.

Nuestra sociedad ha reprobado cualquier forma de comportamiento homosexual en varones y mujeres de todas las edades. En esto difiere de la mayoría de las sociedades humanas. Algunos pueblos se parecen a nosotros en este aspecto; pero son más las culturas que toleran e incluso fomentan la homosexualidad, al menos en algunos miembros de la población.

Como resultado de sus entrevistas con más de cinco mil hombres americanos, Kinsey, Pomeroy y Martin concluyeron que el 37 por ciento de los varones pospúberes han tenido por lo menos un contacto homosexual que concluyó en orgasmo. Esta cifra alcanza el 50 por ciento si sólo incluimos aquellos hombres que no contraen matrimonio antes de los treinta y cinco años. Probablemente el 10 por ciento de los varones adultos de este país está constituido exclusivamente por homosexuales que no han tenido ningún contacto heterosexual desde su adolescencia.

  1. W. Henry entrevistó a un grupo muy seleccionado de varones americanos que habían tenido largas, y en algunos casos exclusivas, historias homosexuales. Los métodos más comunes de estimulación eran la masturbación manual mutua, los contactos bucogenitales, y el coito anal. Unos pocos declararon responder eróticamente a la estimulación de los pezones.

En cuarenta y nueve de las setenta y seis sociedades distintas de la nuestra de las que tenemos información (64 por ciento), las actividades homosexuales de un género u otro son consideradas normales y socialmente aceptables para ciertos miembros de la comunidad. La forma más común de homosexualidad institucionalizada es la transexualidad: hombres que visten como mujeres realizan las tareas femeninas y adoptan algunos aspectos del papel femenino en su comportamiento sexual con consortes varones. Con menos frecuencia, la mujer se viste como un hombre y procura desempeñar el papel sexual masculino. Sin embargo, un transexual no es un homosexual, como ya se sabe actualmente, sino una per­sona que psíquicamente se siente del género distinto al de su sexo físico. Un transexual se define en relación consigo mismo (se siente mujer en cuerpo de varón o al revés) y un homosexual se define en relación con el ob­jeto de su elección (objetos eróticos del mismo sexo).

En algunas sociedades, el hombre que asume el pa­pel femenino es considerado por los demás miembros de la comunidad como un poderoso chamán. Entre los chukchi (19) de Siberia, tal individuo se pone vestidos de mujer, asume modales femeninos y puede convertirse en «esposa» de otro hombre. La pareja copula por el ano, desempeñando siempre el charnán el papel femenino. Además de la «esposa» chamán, el marido suele tener otra con quien se deleita en el coito heterosexual. El cha­mán, a su vez, puede mantener una amante femenina; con frecuencia nacen niños de tales uniones. El charnán goza de un prestigio considerable y tiene una posición de poder en la comunidad. Se cree que ha sido involuntariamente transformado por un poder sobrenatural, y algunos hom­bres temen ser transformados de esta suerte, aun cuando el proceso pueda exaltar su posición social.

Entre los siwanos de Africa, por ejemplo, todos los hombres y muchachos se regalan con el coito anal. Adoptan el papel femenino sólo en situaciones estricta­mente sexuales, y los varones son tachados de «peculia­res» si no se recrean en estas actividades homosexuales.

(19) Chukchi: Pueblo del noroeste de Siberia, culturalrnente dividi­do en dos grupos, los sedentarios. pescadores que habitan la costa ártica. cercanos a los esquimales, y los seminórnadas, del bosque in­terior, cuya actividad principal es la cría de renos.


Los hombres siwanos prominentes se prestan sus hijos recí­procamente y hablan de sus conquistas amorosas masculinas de manera tan abierta como si discutieran de su amor con mujeres. Se espera que tanto los casados como los solteros tengan actividades homosexuales y heterosexuales.

Las comparaciones entre culturas y entre especies se combinan para sugerir que la tendencia biológica hacia la inversión de la conducta sexual es inherente a la mayoría de los mamíferos (si no a todos), incluyendo a la especie humana. Al mismo tiempo, hemos visto que la conducta homosexual nunca es el tipo predominante de la actividad sexual en los adultos de cualquier sociedad o de cualquier especie de animales mamíferos.

En gran número de sociedades humanas existe tal clase de conducta sexual, que tiende a ser más común en la adolescencia que en la edad adulta, y parece ser adoptada con mayor frecuencia por los hombres que por las mujeres. Esto también puede decirse de las otras especies animales y particularmente de los mamíferos subprimates infrahumanos.

LA HOMOSEXUALIDAD HOY

Actualmente, la mayor parte de las sociedades científicas, tanto nacionales como internacionales, han suprimido la homosexualidad de sus listados de enfermedades por considerar que es una variante sexual normal. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la Asociación de Psiquiatría Americana, la mayor organización de profesionales, en su listado llamado DSM-II/­ R, manual de diagnóstico cuyo uso está extendido por todo el mundo. De la misma forma se han pronunciado la Asociación Mundial de Sexología y la OMS.

Por otra parte, ya vimos al principio cómo la legislación y la jurisprudencia se van adecuando a los nuevos tiempos, por medio de la abolición de leyes discriminatorias y de la elaboración de otras más acordes con el respeto a la libertad sexual de los ciudadanos.

Quedan, sin embargo, los poderosos obstáculos de la educación y formación de los individuos, sujetos la mayoría a los valores y prejuicios que recibieron de niños y jóvenes, y que los llevan a manifestarse reticentes, cuando no abiertamente agresivos, contra la homosexualidad en general y contra los homosexuales de su entorno en particular. La presión social que pueden ejercer los colectivos humanos sobre los homosexuales puede ser tan grande que los obligue a refugiarse en la sordidez de los guetos comerciales tolerados, aceptando una situación de discri­minados, en vez de hacer valer sus derechos legales y sus libertades individuales reconocidas por la Constitución.

En este sentido, una mayor presencia de los movimientos homosexuales con sus reivindicaciones y actividades en pro de sus derechos ciudadanos y una mayor voluntad política puesta al servicio de todos sin discriminación alguna pueden hacernos albergar la esperanza en una sociedad futura menos guiada por sus prejuicios y más por su respeto a los demás. Desde este punto de vista resultan valiosas acciones políticas como la reciente apertura de registros municipales para la inscripción de las parejas de hecho, sean de la orientación sexual que sean, que han llevado a cabo numerosos ayuntamientos de nuestro país; o el propósito declarado por la actual ministra de Asuntos Sociales, de elaborar una ley que regule las parejas de hecho. Todos tenemos que hacer un esfuerzo para romper siglos de intolerancia: los heterosexuales, asumiendo la presencia en nuestro entorno más próximo (familia, amistades, vecindario) de parejas o individuos homosexuales con total naturalidad; los homosexuales, realizando un último esfuerzo para manifestar públicamente su forma de ser con total naturalidad y sin miedos ni vergüenzas. Creo sinceramente que es por esta vía por la que camina la sociedad española en los últimos años.

 

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