LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (XX): La nueva pareja: un reto para el varón

Julián Fernández de Quero

En el tipo de pareja moderna más avanzado se cumplen los tres principios mencionados más arriba y se establece conscientemente un contrato de convivencia claro y detallado. Todos los pormenores de una convivencia -desde el reparto de las tareas domésticas hasta el trabajo exterior, la economía, las relaciones con las familias de origen, el grado de fidelidad sexual, el empleo del tiempo libre, las amistades, etc., ­se negocian y se acuerdan desde la igualdad y el respeto mutuo.

En este tipo de pareja el comportamiento del varón no difiere demasiado del de la mujer, realiza lo que previamente han acordado ambos. No hay diferencias entre funciones masculinas y femeninas: los dos asumen las tareas domésticas, el trabajo exterior, el cuidado de los hijos, etc.

La comunicación, en general, es fluida y transparente, incluidas la de tipo afectivo y la sexual. Las posturas coitales varían y se realizan muchas a título de experiencia y como forma de romper la rutina; sin embargo, sólo algunas se convierten en las habituales, por ser en las que ambos se encuentran más cómodos. La postura de la mujer encima del hombre es una de las más utilizadas, por las evidentes ventajas que tiene para los dos: permite una mayor movilidad y creatividad en los movi­mientos de la mujer, y la estimulación de su zona genital externa, que suele ser para ella la más erógena y la que le permite obtener el orgasmo durante el coito; y al hombre le permite ejercer su pasividad, dejándose hacer, concentrándose en sus sensaciones y evitando la sobre estimulación, que le induce a la pulsión copulatoria.

En estas parejas la vergüenza se encuentra erradicada por completo como emoción social negativa, o simplemente se utiliza como refuerzo de los límites que impone la sociedad. Entre ellos no hay pudor ante la desnudez integral ni ante el lenguaje erótico en la intimidad de su casa; pero sí tienen claro que determinadas conductas y expresiones no se pueden hacer en público, no por pudor, sino para evitar el rechazo social y la discriminación. Contrariamente a lo que se suele creer, la ausencia de vergüenza no lleva a la impudicia, sino a la naturalidad. Un hombre con una conducta sexual vergonzosa puede resultar tímido (parco en expresiones y con dificultad para la comunicación) o morboso obsesivo (que se comunica de forma agresiva y llamativa). La ausencia de vergüenza, en cambio, supone una naturalidad que puede ir acompañada de mayor o menor elegancia, dependiendo de la actitud personal.

 

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