LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (XVIII): La androginia : Hacia un nuevo modelo de socialización erótica

JULIÁN FERNANDEZ DE QUERO

La identidad de género hace referencia a aquellas características que un individuo desarrolla e interioriza en respuesta a los estímulos que son función de su sexo biológico. Una de las investigadoras más especializadas en la psicología del género, Sandra Bem, define la androginia como el género que posee simultáneamente un número igual y amplio de rasgos identificados en nuestra cultura como masculinos y femeninos. Lo más destacable de esta concepción es que conlleva la idea de una independencia entre el sexo biológico y los componentes psicológicos de la identidad de género.

Un equipo de investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid llevó a cabo un estudio en nuestro país, en 1989, para determinar la existencia de papeles de género y su relación con el comportamiento sexual. En la introducción de la investigación se citan varios de los estudios realizados por Sandra Bem y colaboradores, en los que se comprueba que tanto hombres como mujeres podemos desarrollar cuatro tipos de papeles de género: masculino, femenino, andrógino e indiferenciado. Estos estudios perseguían también la comprobación del grado de ajuste adaptativo psicológico que cada género confería al individuo en sus relaciones con la sociedad. La conclusión a la que llegaron es que la androginia era el género que representaba un mayor grado de ajuste adaptativo, seguido de la masculinidad. El equipo español concluía, a su vez, que en relación a ciertos com­portamientos sexuales, el género masculino se demostraba más adaptativo, seguido del género andrógino, lo que resulta comprensible si tenemos en cuenta que las características masculinas siguen siendo más valoradas en nuestra sociedad que las femeninas.

En general, lo que vienen a confirmar estos estudios es que una persona, independientemente de que sea hombre o mujer, si ha aprendido a utilizar todas las conductas masculinas y femeninas valoradas socialmente, tiene más nivel de ajuste adaptativo y, por consiguiente, un mayor grado de salud mental. En cambio, las personas que en función de su sexo biológico sólo utilizan conductas de género masculino (si son hombres) o de género femenino (si son mujeres) encuentran limitadas sus posibilidades adaptativas, por lo que aumentan sus riesgos de conflictos psíquicos.

Como hemos ido analizando en los apartados anteriores, la nueva erótica masculina y femenina se encuadra dentro del género andrógino, puesto que lleva a integrar en la misma persona las cualidades eróticas que se han demostrado positivas, independientemente de que se las haya considerado masculinas o femeninas, difuminando las diferencias y estableciendo relaciones de igualdad entre estos dos géneros.

 

Nuevos enfoques: los hijos, la homosexualidad y el exhibicionismo

La nueva erótica masculina no sólo se dirige al varón mismo o a la compañera sexual, sino que se traduce también en otra forma de comportarse con el resto de la gente que le rodea. Su relación con los niños, por ejemplo, se hace más expresiva y grata. Dentro de la familia, asume la parte que le corresponde en la crianza de los hijos: tomando al bebé en sus brazos, acariciándolo y besándolo, bañándole y cambiándole los pañales, amostrándose afectuoso, tierno y divertido.

En las relaciones con los demás hombres desaparece el fantasma de la homosexualidad y la consecuente rigidez en sus conductas. Los abrazos, las caricias, las expresiones afectuosas, los besos de saludo y despedida, así como ir cogidos del brazo pasan a ser conductas integradas en sus relaciones de forma natural, como ocurre en la actualidad entre las mujeres, sin que dicho comportamiento se confunda con la elección de objeto sexual, que es otra cosa. El varón homosexual establece sus relaciones sexuales y afectivas con naturalidad y sin complejos, y el varón heterosexual asume el hecho de la homosexualidad sin hostilidad ni miedos infundados.

En la indumentaria, las modas se hacen unisex, aunque quizás fuera más apropiado decir polisex, ya que no se trata de que hombres y mujeres vistan igual, sino de que cada hombre y cada mujer vista de manera diferente en función de sus gustos, sin atenerse a variables de género. Así, el disfraz deja de ser femenino y el uniforme deja de ser masculino. Los hombres aprenden a combinar telas y colores, e, igual que las mujeres, aplican criterios simbólicos de contenido social a sus vestimentas. El exhibicionismo erótico de los cuerpos más o menos desnudos se da por igual en unos que en otras, desde el nudismo naturalista o playero hasta el uso de pantalones ceñidos. Esto mismo se puede decir del uso de objetos de ornato y perfumes: los pendientes dejan de ser adorno femenino, así como los collares, anillos y brazaletes; y lo mismo con arreglo al cuidado del cabello o de la piel, o al uso del lenguaje.

Las nuevas eróticas masculina y femenina se hacen convergentes e igualitarias en lo general y profundamente personales en lo individual. Es la expresión de un yo equilibrado que practica la autoestima narcisista junto con el respeto solidario hacia los demás.

Sin embargo, como ya hemos dicho, los rasgos de esta nueva erótica andrógina no están lo suficientemente socializados y extendidos como para que podamos hablar de un nuevo modelo sexual de socialización. ‘Tampoco se puede decir que sea un modelo utópico o exclusivamente teórico y especulativo. Mientras que la nueva erótica en las mujeres constituye ya un fenómeno social con cierta entidad, tanto por el gran número de mujeres que la asumen y practican como por la notoriedad de sus consecuencias, resulta menos notoria y más escasa en los hombres.

A pesar de ello, los datos y características que van conformando este nuevo modelo de varón sexuado son reales. Sabemos que aumentan paulatinamente los hombres que se inscriben en cursos de masajes sensitivos, que aprenden métodos de relajación o de yoga, que se interesan por la sexología y por la psicología evolutiva y de pareja, que hacen cursillos de puericultura, que acompañan a sus esposas en la preparación al parto y están a su lado cuando paren. Son cada vez más los que, una vez cubiertos sus deseos de paternidad, recurren a la vasectomía como un método anticonceptivo seguro, cómodo y barato; los que comparten las tareas domésticas y de crianza de los hijos, coquetean con la ropa y el peinado, cuidan su cuerpo y son buenos compañeros de trabajo de las mujeres. Los estudios estadísticos demuestran que el grado de tolerancia y aceptación de la homosexualidad va progresando de año en año.

No obstante, estamos en el inicio del cambio. Los rasgos de la nueva erótica masculina integrada en el marco de un modelo sexual andrógino de socialización aparecen todavía de forma aislada, inconexa, como las piezas de un rompecabezas aún no terminado.

 

Características del modelo andrógino del futuro

Es posible, siguiendo las características que definían a los anteriores modelos machistas, avanzar lo que pueden llegar a ser las del modelo andrógino del futuro.

  1. Presupuesto ideológico del que parte. La democra­tización de las relaciones humanas: libertad individual de elección, igualdad de trato en la relación y respeto solidario hacia los demás. Se parte del conocimiento de la sexualidad humana como una capacidad de los hombres y las mujeres que merece la pena desarrollar y cultivar a lo largo de la vida, como fuente de salud biopsicosocial.
  2. Tono general del discurso. Culto, transparente y normalizado. Se habla de la sexualidad en términos laicos, de forma precisa y adecuada. Sigue siendo tema para el humor y la diversión, como otras actividades humanas, pero sin morbosidad ni ocultación.
  3. lmagen sexual del varón y de la mujer. No difieren. Ambos son activos y pasivos, según los casos y las circunstancias; ambos son afectivos y sensuales. No hay comportamientos exclusivamente masculinos o femeninos, sino más bien diferencias individuales según las específicas condiciones de educación familiar de cada uno y de cada una.
  4. Actividad sexual típica. No existe. Todas las conductas y técnicas sexuales son practicadas con mayor o menor énfasis según los gustos de cada cual.
  5. Comportamiento sexual perverso. El único es el neurótico, entendiendo por tal el causado por un conflicto psíquico que lleva al individuo a realizar conductas sexuales que implican una agresión a sí mismo o a los demás (sería el caso del acoso sexual, de los abusos sexuales o de la violación, entre otros).
  6. Temor principal. No existe ninguno en relación a los comportamientos sexuales, puesto que no hay exigencias de género ni responsabilidades, ya que la conducta sexual se inscribe dentro de los comportamientos que se pueden llamar lúdicos y saludables, que todo el mundo puede practicar sin más baremo de convalidación que su propio bienestar, como los juegos infantiles.
  7. Fantasías dominantes. Como tal, ninguna, pero sí hay una rica y variada gama de fantasías personales, cultivadas como una fuente más de estímulo de la actividad sexual. Eso implica un extraordinario auge de todas las artes eróticas, como expresiones del imaginario colectivo.
  8. Realidades que fomenta e ignora a la vez. Ninguna, puesto que todas las realidades eróticas están perfectamente integradas dentro de la escala social de valores.
  9. Portavoces del modelo. La familia, como marco de la socialización primaria, los profesores y las profesoras, como agentes de la socialización secundaria, y los medios de comunicación social, como instrumentos de cultivo del imaginario colectivo.

Es posible que el modelo haya quedado demasiado perfecto, ideal; pero lo mismo les ocurre a los demás modelos. Es difícil encontrar hombres y mujeres que sean la expresión acabada de cualquier modelo. Ni existe el machista puro ni, seguramente, existirá el andrógino puro. Los modelos son construcciones abstractas que elabora la sociedad como ejemplos de socialización; pero la realidad es siempre mucho más rica y compleja y, por tanto, conflictiva.

Podemos, pues, hablar de una nueva erótica masculina que se va forjando poco a poco como modelo, que se encuentra ya reflejada parcialmente en los comportamientos de algunas personas y que será cada vez más evidente en la misma medida en que la nueva erótica femenina va desarrollándose y exigiendo el cambio de actitudes a los varones.

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