LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (XIV): La persistencia de la pulsión copulatoria

Julián Fernández de Quero

Sin embargo, la persistencia de la pulsión copulatoria como instinto biológico que garantiza la reproducción de  la especie, junto a la relevancia dada por todas las culturas humanas a la represión de la sexualidad  fe­menina como método de control de la natalidad y a otros factores, ha generado un modelo de dominación masculina, el patriarcado, cuya ideología, el machismo, ha venido condicionando las relaciones entre los indivi­duos  hasta nuestros días. La influencia del machismo aparece de manera especial en las relaciones sexuales y afectivas, así como en las acritudes con las que se forma al individuo desde la infancia. Pero expliquemos prime­ro qué es eso de pulsion copulatoria.

 Las tres unidades

A partir de Hinde se establece la noción de Mecanis­mo Innato de Desencadenamiento filogenético (MID), similar al descubrimiento de los factores de realización en endocrinología. Por medio de esta noción, el coito puede analizarse, desde el pensamiento a la acción, se­parando cierto número de MID válidos que, en interac­ción con el entorno ecológico y social de la pareja, van a conseguir su éxito operativo y simbólico. Este comporta­miento compulsivo que se realiza a partir del genotipo constituye el coito, y posee tres unidades relacionadas con:

-Las posiciones de penetración.

-Los movimientos de estimulación.

-La duración de cada secuencia.

Así pues, el coito de los primates y mamíferos eute­rios (12), obedece a la regla de las tres unidades:

1) Unidad de acción -la fusión de los cuerpos-

2) Unidad de lugar -las zonas genitales-

3) Unidad de tiempo -la duración del acto-

Ford y Beach analizan estas tres series de parámetros en ciento noventa y una sociedades hu­manas y establecen un etograma (13) provisional, elocuen­te en cuanto a la estabilidad de los estereotipos de base (conductas coitales), aun cuando observan gran número de variaciones en la organización escénica (rituales de cortejo, etc.) Tres MID aparecen implicados en el desarrollo  coordinado y eficaz del coito:

– Una propensión compulsiva a coordinar la activi­dad neuromuscular para introducir el pene en la vagina.

– La activación de los esquemas motores de los movimientos pélvicos rítmicos e ininterrumpidos.

– La programación del desencadenamiento de la eyaculación en unos periodos fijos estables para cada es­pecie.

Así pues, el coito humano es normalmente tributario inevitable de un programa innato de adaptación del comportamiento cuyo objetivo último es la fecundación. A este conjunto de MID coitales es a lo que llamamos la pulsión copulatoria, que se muestra mucho más arraiga­da en los varones que en las mujeres. La especial evolu­ción del proceso erótico vivido por las mujeres -debido a su específica circunstancia de ser las gestantes de las crías y, por ello, a que han tenido un proceso adaptativo diferente- hace que estén menos condicionadas por la instintiva pulsión copulatoria y, por tanto, que su com­portamiento erótico dependa más del aprendizaje. En cambio, en los varones, la menor necesidad adaptativa originada por el bipedismo y por su menor implicación en la función reproductora (al carecer de las funciones gestante y lactante) ha impedido un  mayor desarrollo del  proceso   evolutivo de su conducta erótica, situándole en una fase, digamoslo así, más primitiva. La pulsión co­pulatoria ha condicionado todo el proceso de humanización de la sexualidad, tanto de la masculina como de la femenina, convirtiéndose en el hilo conductor que une a todos los modelos de socialización sexual, sean de la cultura que sean, como vamos a ver ahora.

EL SENTIDO DE LAS PARAFlLIAS

Por lo demás, los prejuicios creados por nuestra cultura en torno a determinadas estrategias eróticas, como los contactos bucogenitales, el coito anal, la masturbación, el coito durante la menstruación y durante el embarazo, etc., no tienen ningún fundamento científico, y hay miles de personas que realizan estas prácticas con plena satisfacción, sin ser, por ello, ni degenerados ni enfermos.

La etiqueta de perversiones aplicada a estas conductas sexuales se ha venido superando con dificultad durante las últimas décadas, y aún persisten en nuestros días, como se comprueba en los consultorios sexológicos, en los que muchos jóvenes nos preguntan sobre si la masturbación es buena o mala o si es nociva o no para la salud. Actualmente, en la comunidad sexológica mundial se ha realizado un esfuerzo por suprimir el término perversión, por sus connotaciones puritanas y acientíficas y cambiarlo por el de parafilia, refiriéndose con él a la afición de muchas personas por un determinado objeto erótico exclusivo, o a desarrollar determinadas conductas sexuales no coitales.

Han dejado de incluirse en este listado de conductas parafílicas la masturbación, considerada una conducta se­xual autoerótica normal y sana; las técnicas bucogenitales y el coito anal, considerados ingredientes de las relaciones sexuales, y la homosexualidad, considerada una orientación sexual tan normal como la heterosexualidad. Se incluyen, en cambio, otras conductas, como la pedofilia (atracción sexual por la infancia), el exhibicionismo (gusto por mostrarse desnudo), el voyeurismo (placer de ver, es­condido, las relaciones sexuales de otros), el sadomasoquis­mo (placer de dar o recibir dolor), y así, hasta diecinueve ti­pos diferentes de conductas parafílicas.

En una guía de la sexualidad masculina es importante que nos detengamos con algún detalle en este apartado, porque se da la circunstancia especial de que, según todos los estudios realizados hasta la fecha, la inmensa mayoría de los sujetos que realizan conductas paratíficas son masculinos. Por otro lado, se considera que la parafifia es una conducta neurótica, propia de sujetos que tienen algún conflicto psíquico que les lleva a desarrollar una conducta malsana (según Tordjman, Money y Bianco).

De la represión social a la neurosis

Todos tenemos algo de exhibicionistas, de voyeuristas, de sádicos, de masoquistas, de narcisistas, etc.; haber desarrollado cada una de estas tendencias y saberlas expresar nos permite movernos mejor en la sociedad y ser más felices. Sin embargo, la sociedad nos ha reprimido determinadas tendencias en función del género y eso ha creado personalidades neuróticas que, influidas por los sentimientos de vergüenza o culpa, por traumas infantiles generadores de agresividad inconsciente, expresan algunas de sus tendencias de forma incorrecta y exagerada, es decir, compulsiva. Estas serían las conductas parafílicas. Así, mientras la sociedad permite que las mujeres acaricien, besen y abracen él los niños, porque se considera que dichas conductas expresan su instinto maternal, prohíbe que los hombres lo hagan, por la sospecha de una intencionalidad sexual morbosa. Esto hace que los juzgados estén repletos de denuncias contra pedófilos varones y no haya ninguna contra una mujer. Lo mismo sucede en el caso del exhibicionismo: la sociedad asume como conducta normal que la mujer exhiba sus encantos físicos, pero no actúa de la misma manera en relación a los hombres.

Como apuntábamos al principio, es curioso que las conductas parafílicas estén desarrolladas principalmente por varones, lo que nos induce a pensar que el modelo sexual de socialización masculino reprime especialmente estas tendencias y la neurotiza, mientras que en las mu­jeres permite su desarrollo normal o no les da la misma importancia cuando es una conducta neurótica, corno ocurre con el masoquismo sentimental femenino, princi­palmente estudiado en las amas de casa.

También hay que decir que la sociedad está evolu­cionando positivamente en relación con estos temas. Como veíamos en el capítulo primero, los jóvenes desa­rrollan conductas más andróginas, son más sentimenta­les y tiernos, se ocupan de la crianza de lo hijos en ta­reas consideradas hasta hace poco exclusivas de la mujer, etc. Esto permite mirar hacia el futuro con espe­ranza. Las parafilias son conductas patológicas produci­das por la represión social en la infancia y por desviacio­nes en el proceso de socialización sexual. Una sociedad más igualitaria y más sana reducirá estas expresiones a casos muy particulares y minoritarios.

 

(13) Etograma: Catálogo descriptivo de las actividades motrices de un animal y de sus articulaciones en secuencias de comportamiento (actividades espontáneas y reacciones ante estímulos y situaciones experimentales).

 

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