LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (XIII): La erótica específicamente humana

Julián  Fernández de Quero

En nuestra cultura, durante los dos últimos siglos,  la cantidad y variedad de las caricias cambian de una pareja a otra y de unas circunstancias a otras. Aunque, en ge­neral,  la moral puritana ha intentado reprimir todo tipo de estrategias que no fueran reproductoras, encontra­mos que, según varias encuestas realizadas por sexólo­gos durante la primera mitad del siglo XX, las conductas eróticas de los occidentales han sido más ricas y varia­das de lo que la moral permitía. Sin embargo, es indu­dable que la influencia religiosa ha resultado lo suficien­temente fuerte e intensa como para provocar unos modelos de relación sexual pobres e insatisfactorios, con la consiguiente proliferación del erotismo mercenario: la prostitución en sus más variadas formas.

La estimulación de los senos

Un tipo de caricia erótica muy común en los huma­nos es la estimulación  de los senos, conducta rara en los animales. La manipulación manual u oral de los senos femeninos está tan extendida y es tan ancestral que hay muchas mujeres que alcanzan el orgasmo con la simple succión del pezón, sin ningún otro tipo de contacto genital. Son pocas las sociedades actuales que insisten en ocultar los senos vestidos y, aunque se cubran durante la vida cotidiana, no le restan importancia a su estimulación como forma del juego erótico. En la mayoría de las culturas la parte superior del cuerpo de la mujer puede quedar desnuda, igual que la de los varones.

El significado del beso

Otra caricia erótica específicamente humana es el beso en la boca, aunque con una evolución de significado distinta para cada cultura. Así, el beso, como conducta de saludo y reconocimiento, ha evolucionado de múltiples formas: desde la cultura anglosajona, en la que suele excluirse como forma de saludo, hasta la eslava, en la que se besan en la boca los varones y no las mujeres, pasando por el beso en la mano de las elites europeas y el beso en la mejilla, la práctica más extendida. Como conducta erótica muchas parejas utilizan el llamado beso hondo o “beso tornillo “, que consiste en introducir la lengua de un participante en la boca del otro. Para los trobriandeses, aloreses y trukeses, el beso consiste en chupar los labios y la lengua del otro, permitiendo que la saliva fluya de una boca a otra. Entre los lapones, el beso se practica con la boca y la nariz al mismo tiempo. Para los japoneses, el beso en la boca tiene carácter pornográfico, prohibido, y rara vez se realiza en público.

Las caricias buco genitales

Las caricias buco genitales constituyen una actividad sexual muy difundida entre todos los mamíferos, como ya hemos visto, incluidos los seres humanos. Sin embargo, existen diferencias. Kinsey, Pomeroy y Martin, en sus estudios, consideran que entre los norteamericanos es una práctica más generalizada la caricia bucogenital de los varones a las mujeres (lo que técnicamente se llama cunnilinguus) que la de las mujeres a los varones (es decir, la fellatio). La mayor parte de los hombres estimulan manual u oralmente la parte externa de la vulva (clítoris, labios menores y entrada de la vagina), incluso introduciendo los dedos o la lengua en el interior vaginal. En cambio, las mujeres tienen más reparos en chupar el pene masculino.

Entre los nativos de las Islas Marianas se cree que el placer de la mujer es mayor si el clítoris es más grande, de ahí que el amante intente aumentar el tamaño del clítoris frotándolo y estirándolo. La práctica buco genital simultánea, conocida popularmente como el sesenta y nueve, suele ser otra forma sofisticada de estrategia erótica, de indudable eficacia para la consecución del placer.

La eficacia del placereado

Otras estrategias eróticas táctiles son las caricias generalizadas por todo el cuerpo, en forma de masajes sensuales o placereados, técnica muy utilizada en terapia sexual para enriquecer las conductas eróticas de las parejas que van a las consultas con una práctica excesivamente pobre y rutinaria.

Carlos y Luisa han acudido a la consulta alegando una falta de deseo por parte de ella. Después de recabar toda la información necesaria, se comprueba que las relaciones sexuales de esta pareja son pobres y rutinarias, basadas en un modelo tradicional, lo que ha provocado una actitud de rechazo por parte de la mujer. En efecto, Carlos agobia a su mujer con requerimientos diarios de mantener relaciones sexuales, a lo que ella accede porque no sabe decir que no a su marido, por temor a sus enfados. La relación consiste en unos cuantos intercambios de besos en la boca y en los senos y, en seguida, la penetración para realizar el coito en la postura del misionero. El eyacula deprisa y, después de la eyaculación, cesa la relación, generalmente sin que Luisa haya alcanzado el orgasmo, con la consiguiente frustración para ella. Después de explicarles los efectos negativos de su conducta erótica incorrecta, les recomendamos que practiquen el placereado como una técnica para que ambos miembros de la pareja aprendan a disfrutar con todo su cuerpo de sus relaciones. Se les prohíbe realizar el coito hasta que el terapeuta lo consi­dere conveniente. También se les indica que se pongan de acuerdo previamente sobre los días, las horas y el número de veces que van a realizar el placereado en la semana. Los acuerdos han de ser mutuos, y no por imposición del marido, como ocurría antes. Se les hace ver la importancia que tiene para Luisa no sentirse acosada y poder tomar la iniciativa desde su propio deseo. Durante seis meses se dedican a practicar el pla­cereado en sus distintas fases: primera fase, caricias corporales que excluyen las zonas genitales y los senos de ella; segunda fase, caricias corporales que incluyen genitales y senos; tercera fase, coito no exigente, con experimentación de distintas posturas. Al final del tratamiento, Luisa recupera su nivel de deseo sexual y, lo más importante, ambos han descubierto una forma de mantener relaciones sexuales rica en estrategias eróticas que ha cambiado sus actitudes no sólo hacia ellos mismos, sino hacia la vida en general.

 Las posturas del coito y el refinamiento sentimental

Dos grupos más de estrategias eróticas enriquecen la amplia gama que el erotismo humano ha creado. Por un lado, las diversas posturas en las que se puede realizar el coito. Ya hablaremos más adelante de ellas; ahora simplemente mencionaremos que de estas estrategias eróticas coitales es de las que más antigua referencia histórica poseemos. Libros como el Kama-sutra, el Ananga Ranga, El jardín de las delicias, etc., de milenario origen, describen las decenas de posturas coítales que el erotismo humano ha sido capaz de inventar para mayor goce y placer.

El otro grupo de estrategias eróticas lo constituye el refinamiento alcanzado en la vivencia y expresión de los afectos, que, entre otras cosas, ha sido y es una de las principales fuentes de inspiración artística y el argumento de las mayores joyas de la literatura mundial. Las estrategias de conducta generadas para poder disfrutar conscientemente de los sentimientos amorosos, de los espontáneos enamoramientos y de las ardientes pasiones, llenan miles de páginas y miles de metros de celuloide, y son del dominio común de todos los hombres y mujeres. No vamos, pues, a detenernos en su descripción, pero sí a llamar la atención sobre el hecho de que también son estrategias eróticas, a través de las cuales se expresa nuestra sexualidad en contra de la absurda creencia de que los sentimientos no tienen nada que ver con la erótica, prejuicio muy extendido en nuestra cultura y claramente fomentado por la moral puritana tradicional. Cuando alguien entrega una flor a alguien como expresión de su cariño, o se pasa dos horas contemplando su retrato, o escribe poesías a su amada o amado, está poniendo en circulación todo su aparato anatómico y fisiológico y todo su esquema básico de conducta de su respuesta sexual. El fin de ese proceso es conseguir el objeto sexual real (el hombre o la mujer de sus anhelos). Ampliando constantemente el  abanico de objetos sexuales y de fetiches, simbolizando sexualmente nuevos gestos, detalles, cuerpos, vestidos, sentimientos y conductas, enriquecemos las posibilidades de ser felices. En este sentido, los varones tienen que aprender a sexualizar los sentimientos, a saber expresar el amor, la ternura, el cariño, sin que los inhiba la vergüenza. Porque no es verdad que un hombre tierno sea menos hombre, es un hombre más humano. La afectividad como demuestra la experiencia femenina, puede ser un poderoso estimulante del deseo si se cultiva de forma correcta.

Es necesario, igualmente, ser creativo en estrategias de conductas eróticas, ampliar la gama de recursos para hacer el amor: desde la tradicional postura del misionero hasta las sesenta y cuatro variantes coitales que propone el Kama-Sutra. Se puede excitar el deseo con cada gesto, movimiento, caricia o postura que cada uno invente para hacer más variable la relación. Todos los objetos y estrategias eróticas son positivas y no hay que rechazarlos de antemano, sin antes comprobar su funcionalidad. El único límite a esta regla es la libertad del otro o de la otra, pues en la sexualidad no se puede imponer a nadie que haga lo que no quiere. La imposición forzosa es enemiga del placer. No se disfruta haciendo algo a la fuerza. Cuantas mujeres se habrán sentido literalmente violadas en sus relaciones dentro de su matrimonio legal y con su marido oficial.

EL EROTISMO COMO ARTE DE LA EROTICA

Lo visto hasta el momento nos ayuda a comprender que la relación dialéctica que se establece entre el individuo y el medio que le rodea, desde su concepción en el vientre de la madre, crea un proceso cuyo producto final es el propio individuo, tal como es. En el mundo vegetal todo proceso es biológico y se realiza con conductas de adaptación al medio: el individuo se encarga de modificar físicamente su propia estructura para sobrevivir en un medio que le exige cambiar. El medio cambia muy poco o nada, de manera que cuando el individuo vegetal no puede adaptarse a las exigencias del medio, muere.

En el ámbito animal las conductas de adaptación al medio se van combinando progresivamente con otras conductas de modificación del mismo, las cuales a su vez se van haciendo cada vez más importantes según se asciende en la escala evolutiva. El proceso no es exclusivamente biológico, sino que intervienen factores de aprendizaje social y otros de un psiquismo rudimentario que se manifiestan en conductas afectivas y operaciones mentales.

El psiquismo del individuo y la modificación del medio

Es en el ser humano donde todo este proceso sufre unos cambios espectaculares. Las conductas de modificación del medio se convierten en la principal manera de relacionarse con él del individuo. Por otro lado, la ausencia de especialización instintiva y la gran capacidad de aprendizaje hacen que el individuo humano se adapte con enorme facilidad a cualquier medio, desde los desiertos hasta los glaciares polares. Esto logra que la relación que se establece entre la biología del individuo y el particular medio que lo rodea desde que es concebido sea tan peculiar y específica que dará lugar al desarrollo de un tercer componente, el psiquismo, que conformará el producto final individual: una personalidad única e irrepetible.

Si uno observa a los animales en su medio natural, sin la intervención cultural humana, se dará cuenta de que exteriormente todos los individuos de una misma especie se parecen mucho entre sí. Ello es debido a que el proceso de formación individual sigue un esquema instintivo tan rígido y los procesos de cambio son tan di­fíciles que generalmente todos los individuos distintos suelen morir en un momento temprano del proceso, y sobreviven únicamente aquellos que están perfectamen­te adaptados al medio y cumplen todas sus exigencias biológicas. Se cumple una de las leyes de la naturaleza descubiertas por Darwin: sobrevive sólo el más apto.

En cambio, en los humanos es difícil encontrar a dos individuos que sean iguales, pese a que somos miles de millones. En la tabla 2 sintetizamos lo que estamos diciendo.

            Tabla 2.  Factores que inciden  en la conducta y la sexualidad masculina
 

                                             ECOSISTEMA

                            BIO                 PSICO                      SOCIAL

S      BIO         Energía            Emociones            Conductas

E                    excedente          básicas                    reflejas

R

H     PSICO   Emociones        Emociones             Tendencias

U                     básicas              sociales

M

A      SOCIAL  Conductas      Tendencias               Ritos y

N                       reflejas                                            Costumbres

O

 

 

 

Tal como aparece en la tabla anterior, el ser huma­no sexuado tiene una base biológica (constituida por la energía excedente, las emociones básicas y las conductas reflejas) que, al entrar en relación con el medio, se mo­difica y adapta dando lugar al desarrollo de las ernociones sociales y las tendencias de la actitud, núcleos del psiquismo humano. Todo ello se expresa en conductas individuales socializadas y cristalizadas según las normas y leyes que el medio social impone: reglas del comportamiento estructuradas en ritos y costumbres.

La creación evolutiva y cultural del erotismo

Los rituales de comportamiento sexual adquieren la función de códigos comunicativos que permiten la relación erótica entre los individuos, la cohesión afectiva de los grupos y el cuidado de las crías. Ya hemos hablado del conjunto de conductas reflejas que los animales realizan instintivamente para inhibir el miedo y la agresividad del otro, para facilitar la aproximación y el apareamiento y, todo ello, con el fin principal de conseguir la reproducción de la especie. Todo este conjunto de conductas recibe el nombre de cortejo, y su principal característica es que resulta atractivo para el receptor.

     La atracción es, pues, la llave que abre al individuo que corteja la puerta del territorio personal del cortejado, dándole permiso para entrar y acercarse. A su vez, la atracción es el fenómeno que le induce a cortejar al otro, convertido en objeto de su deseo. Las culturas humanas han modificado sus códigos de cortejo, introduciendo otros fines y elementos comunicativos que ya no se basan en cambios corporales atractivos, como ocurre en los animales, sino en otros instrumentos artificiales elaborados a partir del medio, como la industria de los cosméticos, los adornos, los regalos y las artes.

En un buen número de sociedades, la entrega de un pequeño presente de comida o de algún objeto material acompaña toda solicitud de favores sexuales. Los regalos de comestibles suelen acompañar la solicitud masculina de trato sexual entre los sirionos; entre los hopi (10), el coito siempre re­porta para la mujer un presente en bienes, dinero o joyas. En Pukapuka (11), las intimidades sexuales suelen seguir a un intercambio de regalos entre los dos amantes. Este comportamiento no es una for­ma de prostitución en que se tase comercialmente el intercambio sexual. Por el contrario, guarda un íntimo parecido con la práctica de galanteo propia de la sociedad americana, como cuando un aman­te lleva a su amada un ramo de flores o una bolsa de caramelos” (véase F. Beach y C. Ford, Conducta Sexual, Fontanella, 1969).

Generalmente, estos elementos culturales de los có­digos eróticos humanos se han utilizado como comple­mentos de los biológicos, con la función de destacar al­gunos de éstos. Así ocurre con los cosméticos, que resaltan los rasgos de la cara, los labios o los ojos; la ves­timenta, que hace más atractivo el movimiento corporal o sirve para destacar determinadas partes del cuerpo (el culo, los senos, las piernas, etc.), Esta conversión de los códigos eróticos en campo para la creación artística es lo que solemos llamar erotismo, y puede definirse como «el arte de la erótica».

El erotismo no se ha producido de la noche a la ma­ñana, sino que es el resultado de un proceso evolutivo a través de los siglos, influido por otros múltiples factores culturales que han hecho que cada sociedad humana tenga sus propios y específicos códigos eróticos, desde las culturas que los basan fundamentalmente en los ele­mentos biológicos, en las  que  los  culturales  son  meramente  accesorios, hasta aquellas otras en las que ocurre exactamente lo contrario.

Así pues, mientras que en las demás especies animales los rituales de cortejo y apareamiento están biológicamente estructurados para facilitar la reproducción, en los seres humanos estos ritos y costumbres evolucionan desde una adaptación biológica a las nuevas condiciones creadas por el bipedismo, hasta una complementación de conductas aprendidas y conductas reflejas, de elementos culturales y biológicos, que enriquece los rituales eróticos y los convierte en el arte de la erótica, para luego asumirlos como conductas de freno a la reproducción y represoras de la expresión sexual. Sin embargo, estos rituales tan represivos de la sexualidad nunca llegaron a calar al cien por cien en los comportamientos eróticos de los individuos cuyas sociedades intentaban imponerlos. La biología se revelaba contra los corsés puritanos con múltiples manifestaciones, eso sí, saltándose a la torera las prohibiciones sociales y morales y tiñendo de morboso lo que era natural.

El siglo XX, afortunadamente, está terminando con esta cultura sexofóbica y puritana. Hoy la recuperación del erotismo como fuente de comunicación humana y del cuerpo como elemento fundamental de los códigos eróticos es cada vez más importante. La cultura de la salud y de la higiene personal y el consumismo de la estética favorecen el redescubrimiento del cuerpo. El progresivo laicismo social y la personificación de los valores hacen que los individuos estén cada vez más pendientes de su bienestar biopsicosocial presente y de su capacidad de elección propia, y que no acepten fácilmente seguir sometidos a rituales pasados o mesianismos futuros.

(10) Sirionos. Pueblo amerindio  del Sur del continente. cuyos varo­nes carecen de criterios definidos de belleza femenina y valoran que el pene cuanto más grande mejor. Hopi: Pueblo amerindio del grupo shoshón que habita a orillas del rio Pequeño Colorado, en el Noreste de Arizona (EE.UU).

(11) PukupukaAtolón del archipiélago Tuamotú, en el Pacífico.

 

 

 

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