LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (XII): Los orígenes animales de la erótica humana

Julián Fernández de Quero

LOS ORIGENES ANIMALES DE I..A EROTICA HUMANA

Para aproximarnos al conocimiento de las estrate­gias eróticas que utilizan los humanos, podemos em­plear dos caminos diferentes pero complementarios.

  1. El primero consiste en contemplar el desarrollo de estas estrategias a lo largo de la vida de un individuo, desde que nace hasta que muere. Es un criterio ontoge­nético que nos muestra las distintas fases por las que pa­sa la erótica individual.
  2. El segundo consiste en estudiar las manifesta­ciones de dichas estrategias, en las diferentes especies de seres vivos y en las múltiples culturas humanas, a lo lar­go de la historia evolutiva de la vida. Es el criterio filo­genético que nos permite tener una visión más global y relativista de los dogmatismos culturales, sean eurocén­tricos o antropocéntricos.

Los estudios aportados por las ciencias de lo indivi­dual y de lo social no llevan a la conclusión de que hay poco nuevo bajo el sol. Las llamadas técnicas sexuales no coitales que practican la mayor parte de los humanos no son producto de las mentes pervertidas y degenera­das de individuos lujuriosos, tal como algunas religiones y filosofías han querido que creamos: el coito reproduc­tor no es la única conducta natural moralmente aceptable. Ya en los animales encontramos todas estas conductas eróticas naturales. La diferencia estriba en que, mientras en la mayor parte de los animales dichas conductas forman parte del proceso de cortejo para llegar a la cópula reproductora, en los humanos se han convertido en las técnicas idóneas para obtener placer y para comunicarse al margen de la reproducción.

Valores culturales de los genitales

La comparación de culturas manifiesta que hay pocos patrones universales de atracción sexual. Las características físicas que son consideradas estimulantes varían mucho de una sociedad a otra. Algunas culturas consideran los genitales externos como elementos importantes de atractivo sexual. Los labios menores de la vulva son manipulados desde la infancia para convertirlos en colgantes y largos, por su especial atractivo. Lo mismo suelen hacer con el clítoris: se lo estiran con el afán de agrandarlo. También son pautas de belleza el cabello y el vello del cuerpo, la nariz, los ojos, las orejas, el culo y la boca.

La deliberada exposición de los genitales, que suele ser una estrategia común en todos los mamíferos, ha sido la más reprimida en los humanos hasta adquirir la categoría de pornográfica, es decir, de prohibida. El gesto provocativo de exponer los genitales se ha convertido en objeto de control social en casi todas las sociedades humanas; de hecho, la vestimenta parece tener la misión primordial de impedir dicha exposición. Otras partes del cuerpo, los senos por ejemplo, pueden estar cubiertas o no; pero en culturas en las que tanto los hombres como las mujeres van desnudos, la zona genital suele permanecer oculta. Sin embargo, la norma no es universal del todo. Hay culturas que practican el desnudo integral; en otras, son los hombres los que pueden exhibir sus genitales sin ninguna restricción, mientras que las mujeres ocultan los suyos.

Estrategias olorosas y auditivas

Las estrategias olorosas y auditivas que los animales practican profusamente también han tenido un gran de­sarrollo entre los humanos como estrategias eróticas. Los medios físicos naturales han sido sustituidos por otros culturales. Así, el empleo de perfumes y otras sus­tancias aromáticas está muy difundido entre todos los grupos humanos: los hombres cayapó (8) usan hierbas aromáticas para atraer a las mujeres, y las jóvenes apa­ches llevan plantas aromáticas para atraer a los mozos. Muchas personas se untan la piel con aceites perfuma­dos.      Una de las principales fuentes de ingreos de la pu­blicidad moderna es la referida a perfumes y cosméticos de diversos tipos,

La práctica de cantar y tocar instrumentos musica­les como inductores eróticos también está muy extendi­da, así como la presentación de regalos en forma de comida o algún objeto material apreciado por la pareja solicitada.

Tomar la iniciativa

Aunque en nuestra extendida cultura occidental se ha considerado que la iniciativa de la relación erótica siempre debe ser del varón, y se espera de él que tome el papel más activo, esta norma no es generalizable a todos los grupos humanos. En la mayoría de las culturas, las mu­jeres buscan vínculos sexuales de forma activa con los va­rones: aun cuando no se acepte teóricamente que la joven guajira ponga la zancadilla a un varón, si lo consigue, el varón está obligado a tener una relación sexual con ella, Los trobriandeses y los lesu (9) permiten que la mujer, al igual que el hombre, dé los primeros pasos en solicitar una relación sexual. En estas sociedades se dice que el amor es tan espontáneo por parte de uno  como de la otra.

 

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