LA SEXUALIDAD MASCULINA A EXAMEN (VII): Las emociones básicas biológicas

Julián Fernández de Quero

EMOCIONES BÁSICAS: LOS INSTRUMENTOS PARA RELACIONARNOS CON EL MEDIO EXTERIOR

Otros elementos biológicos de la sexualidad son las emociones básicas, lo que el padre de la medicina, Hipócrates, llamaba humores. Provienen de la combinación de distintos tipos de hormonas y las produce el cuerpo como mecanismos de refuerzo de conductas necesarias para la supervivencia. Constituyen un elemento esencial para la memoria, ya que fijan la información con grados de intensidad variable para facilitar el recuerdo. Pero, para entender con claridad la función de las emociones básicas, primero analizaremos cómo se elabora una conducta.

El camino del deseo

Todos los seres vivos actúan a partir de una necesidad que los estimula a la acción. Estas necesidades suelen provenir de carencias o de excedentes energéticos internos -como el hambre, la sed, el sueño, el sexo o la curiosidad-, o bien de estímulos externos que la propia experiencia ha enseñado a concebir simbólicamente como necesarios; por ejemplo, la proximidad de un peligro. A partir de la necesidad surge la pulsión o el deseo de buscar los recursos que la satisfagan, en un intento de volver a recuperar el perdido equilibrio osmótico   y que tan placentero resulta.

Por eso decimos que sentimos el deseo de comer, de dormir, de gozar, de huir. La intensidad del deseo provoca la rememoración de los objetos que nuestra experiencia ha grabado en la memoria como recursos aptos para calmar nuestra necesidad. Es la consecuencia inmediata del deseo. Si queremos comer, recordaremos los platos favoritos; si deseamos gozar sexualmente, recordaremos las prácticas o las personas u objetos con los que más hemos disfrutado. La variedad de objetos fantaseados facilita la conducta exitosa. Los experimentos de Harlow con monos demuestran que si se aísla a una cría de mono del grupo, cuando se convierte en adulto y pretende copular no sabe con quién hacerlo ni cómo hacerlo. Carece de objetos fantaseados y sus intentos se resuelven en fracasos.

Una vez que sentimos la necesidad y el deseo de buscar, y que rememoramos los objetos fantaseados aptos para calmar nuestra necesidad, nos ponemos en acción. Esta es la conducta propiamente dicha. Elaboramos estrategias de actuación para conseguir que el objeto rememorado se convierta en objeto real. Hacemos algo para que el plato suculento imaginario sea real y, así, podemos comerlo; o nos movemos para acercarnos a esa persona que nos atrae sexualmente, para sentir sus caricias. Como pasaba con los objetos fantaseados, la variedad de estrategias depende de la experiencia, y cuanto mayor sea, más fácil será conseguir el objeto real. Veamos el esquema básico de conducta para tener una idea más clara del proceso.

Necesidad – deseo – objeto fantaseado-­estrategia – objeto real

La alegría, la ira, la pena y el miedo

Pues bien, las emociones básicas sirven para reforzar las conductas con el fin de recordar y desarrollar   con éxito las más eficaces cuando tengan que volver a repetirse. Como decía Hipócrates, es el humor con el que teñimos nuestra acción, dándole un toque de distinción.

Las emociones básicas son la alegría, la ira, la pena y miedo. Algunos ejemplos servirán para comprender sus funciones. Si la energía excedente nos origina el deseo de mantener una relación sexual y practicamos una estrategia adecuada para lograr el objeto real, que previamente hemos imaginado como deseable, viviremos el éxito de nuestra conducta con alegría. Nos sentiremos dichosos, satisfechos, y esa emoción teñirá la información que habremos ido grabando en la memoria con una intensidad especial que nos inducirá a repetirla. La alegría, pues, nos sirve para fijar las conductas exitosas que han resultado positivas.

Pero si ocurriera que el objeto real deseable es difícil de conseguir, nos sentiremos airados por la dificultad, y esa ira nos dará fuerzas y agilizará nuestros reflejos para superar las dificultades. También nos ayudará a buscar otras estrategias más eficaces. La intensidad de la emoción fijará las conductas en la memoria según su mayor o menor dificultad.

Puede ocurrir que hayamos logrado el objeto real y, cuando empecemos a disfrutar de él, desaparezca. La emoción que nos embarga entonces es la pena por el objeto perdido. La pena nos ayuda a fijar en la memoria los objetos perdidos, para tratar de recuperarlos o para desecharlos como objetos no satisfactorios.

Por último, si la necesidad está originada por un estímulo exterior peligroso, que puede dañarnos, el miedo nos inducirá a discurrir conductas de huida para evitar el peligro. La intensidad del miedo fijará en la memoria el objeto de peligro para así evitarlo rápidamente cada vez que se nos presente.

EL PLACER DE LA EFICACIA

Las emociones básicas son el origen del aspecto psíquico de la personalidad. Su correcto funcionamiento preserva la salud en general y favorece el desarrollo psíquico, es decir, la sexualidad. A partir de ellas las emociones sociales positivas y las experiencias placenteras, en su riqueza, irán conformando los canales psíquicos a través de los cuales discurrirá la energía excedente, haciendo que nos sintamos de acuerdo con nuestro sexo y experimentemos el placer de realizar las conductas eficaces y lograr los objetos reales con éxito. Estos canales se llaman tendencias, y las emociones básicas ayudan a utilizarlas con el equilibrio adecuado que permite convertir la erótica natural del comportamiento en un arte creativo y placentero. El erotismo es a la sexualidad como la gastronomía al gusto, la música al oído y la pintura a la vista. Es el arte de vivir. Pero de esto ya hablaremos en detalle más adelante.

Sin embargo, de igual manera que el desarrollo adecuado de las emociones básicas favorece la salud general, pueden dañarla las influencias nocivas para esas emociones. La castrante educación puritana puede inhibir el desarrollo de las emociones básicas, troquelarlas cambiándoles el significado.

La ausencia de caricias corporales, la vergüenza y la culpa son emociones y conductas capaces de perjudicar la salud emocional, del mismo modo que los desequilibrios hormonales y las enfermedades genéticas y metabólicas, como el hipertiroidismo, la esquizofrenia o la anemia.

Por eso, es muy importante cuidar el desarrollo de las emociones básicas desde la más tierna infancia: el equilibrio emocional es fundamental no sólo para sentirse sexualmente realizado, sino para sentirse bien consigo mismo en cualquier circunstancia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s