14 de Febrero, dia del amor igualitario

14 de FEBRERO, ¿DÍA DEL AMOR IGUALITARIO?
Por Julián Fernández de Quero
Todos los años, el mes de Febrero gira en torno a una fecha: El 14. Durante la primera quincena del mes, todos los medios de alienación de masas se dedican con gran aparato propagandístico a reforzar los prejuicios, falacias y creencias que la cultura ha creado en relación al enamoramiento, el amor romántico y demás cuentos chinos. Desde el feminismo progresista la fecha se ha visto siempre con un punto de desprecio. En vez del Día de los Enamorados, se le llama el Día del Corte Inglés, por considerar que este día (como tantos otros) son una estratagema más para fomentar el consumismo compulsivo de la sociedad capitalista. Sin embargo, esta actitud despreciativa es posible que haya influido en la ausencia de reflexiones críticas que profundicen en el análisis de los prejuicios de género que sustentan las creencias populares. Andaba yo con estas cavilaciones, cuando cayó en mis manos la obra “Crítica del Pensamiento Amoroso” de Mari Luz Esteban (Ediciones Bellaterra, 2011). El arranque del libro genera unas expectativas apasionantes: ¡Por fin, una crítica radical y en profundidad del Amor Romántico y sus alternativas!. Una primera parte en la que la autora realiza profusas citas de autoras teóricas y literarias que aportan material abundante para el análisis, nos sitúa en la buena dirección. Sin embargo, esta primera parte teórica termina con la sensación de que la investigación no ha sacado todo el provecho que se podría esperar de tanto material. Un rechazo general al pensamiento amoroso y sus pilares (monogamia, maternidad, familia y convivencia) y un apunte de tres elementos que pueden inspirar una teoría alternativa más allá del amor: Reconocimiento, reciprocidad y redistribución.
La segunda parte está constituida por entrevistas en profundidad a catorce personas que tienen en común su ideología de izquierdas y su militancia feminista. Esperamos encontrar en ellas vivencias y experiencias de cambio que nos ilustren la existencia de nuevas formas afectivas de vivir las relaciones y sirvan de ejemplos para la teorización de las mismas. Sin embargo, las entrevistas nos hablan de las contradicciones vividas por estas personas, entre su apuesta vital por el cambio y el feminismo y sus experiencias amorosas que oscilan entre el enamoramiento-amor pasión y el amor romántico. También hay una apuesta por resaltar la amistad como el vínculo afectivo más estable y seguro. La investigadora extrae algunas características de las entrevistadas: Una, “que el amor (en general) es central para las mujeres y estructura su vida”. Dos, “que siguen un romanticismo “práctico” que se puede regular”. Tres, que “el ideal más común es que las parejas compartan amistad, compromiso, intimidad, incondicionalidad…pero es difícil que se dé todo a la vez”. Cuatro, “la condición estrella, como era previsible, es que se dé igualdad entre los miembros de la pareja”.
Al final, la investigadora aporta unas conclusiones excesivamente genéricas: Una, “que una teoría del amor es, de algún modo, una teoría del poder y de la justicia”. Dos, “una teoría del amor, por muy crítica y radical que sea, no es suficiente, y habría que buscar más allá y explorar otras posibilidades, para lo que he sugerido ahondar en nociones teóricas como el reconocimiento, la reciprocidad y la redistribución, vividas como hechos sociales”. Y termina con una larga y prolija reflexión acerca del compromiso “carnal” de la investigadora con su objeto de estudio y la metodología coherente con dicho compromiso. Y después, nada más.
La sensación final es de decepción porque, después de 479 páginas, la persona lectora intuye que se ha perdido el tiempo en divagaciones y citas innecesarias y ha faltado más análisis crítico y referencias más exactas. Pienso que el fallo de la autora ha residido en el desarrollo erróneo de planteamientos correctos. Concretamente, entresaco tres que me parecen muy importantes:
1. Sexo versus Sexualidad: En distintas partes del libro, la autora enumera el sexo y la sexualidad junto con otros elementos como si se refiriera a ellos como fenómenos distintos que se suman. Sin embargo, el desarrollo que hace de este planteamiento conduce a dos grandes errores: Uno, considerar el origen del sexo y de la sexualidad como similares, es decir, son constructos culturales y la biología no está presente en ellos. Dos, usarlos como sinónimos, como términos que se refieren al mismo fenómeno y que se pueden utilizar aleatoriamente según nos vengan a la mente. Se rompe la característica fundamental que distingue al sexo de la sexualidad y que recoge la definición de Jose Antonio Marina en su “Rompecabezas de la sexualidad”: “La Sexualidad es un constructo simbólico inventado por la inteligencia creadora a partir de un hecho biológico: el Sexo” . Negar que el sexo es una herramienta biológica producida por la evolución de la vida para complejizar más la reproducción y permitir una mayor variabilidad genética, es negar la evidencia científica demostrada por multitud de investigaciones. Confirmar que el sexo es parte de la herencia filogenética que traemos al mundo por nuestra condición animal y que desarrolla comportamientos instintivos descritos en la respuesta sexual fisiológica de Master y Johnson, en los Mecanismos Instintivos de Desencadenamiento (MID) de Hinde, en la pulsión copulatoria de Fernández de Quero o en el cortejo animal-enamoramiento de Lucas Matheu, entre otras muchas autoras, no es decir nada nuevo en la segunda mitad del siglo pasado y comienzos de éste. Precisamente, es a partir de esta radical diferencia con el sexo biológico, que se plantea la construcción social y cultural de la Sexualidad Humana como fruto de la inventiva creadora de las personas cuya inteligencia transciende a la inteligencia animal por su capacidad de reflexividad, libertad y conciencia. Hablar de la sexualidad como fruto de la diversidad y pluralidad del quehacer humano y también como herramienta del Poder que la usa para dominar a los individuos es la manera correcta que nos llega de las investigaciones antropológicas, históricas y sociológicas. Esta distinción entre sexo y sexualidad es la que nos permite entender cuando las personas nos comportamos de forma instintiva e irracional (sexo) y cuando nos comportamos de forma racional y reflexiva (sexualidad). El desarrollo de este planteamiento hubiera clarificado mucho más las cuestiones planteadas en el libro y no la confusión e indeterminación que rigen la selección de citas y experiencias.
2. Amor pasión-enamoramiento versus amor romántico: También aquí la autora comienza hablando del enamoramiento y del amor romántico como fenómenos diferentes y que necesitan análisis por separado. Sin embargo, en el desarrollo de sus tesis, se vuelven a confundir los términos y se vuelven a usar como si fueran sinónimos, algo, por otra parte, muy común en la mayoría de los ensayos dedicados a estos temas. Se hace preciso clarificar que el enamoramiento y su forma perifrástica de hablar de él, el amor-pasión, es un fenómeno que hunde sus raíces en el cortejo animal y sus comportamientos instintivos. El enamoramiento es la respuesta refleja del macho ante los estímulos eróticos de la hembra y que le llevan a tratar de conseguir la cópula reproductora sin ningún tipo de miramientos, cueste lo que cueste (a veces, cuesta la vida misma, como en el caso del macho de la mantis religiosa) El enamoramiento-amor-pasión es el trasunto humano de la pulsión copulatoria animal y a pesar de haber sido adornado de virtudes, cantado por poetas y modelado en obras literarias y teatrales, durante siglos las sociedades humanas lo han percibido como un comportamiento irracional, peligroso y enemigo del bienestar y la estabilidad. En una sociedad patriarcal que durante milenios ha desarrollado la institución matrimonial como una alianza entre familias y sin otro proyecto que reproducir y mantener el linaje mediante la reproducción y crianza de los hijos, el enamoramiento-amor-pasión se ha concebido como una válvula de escape para los varones que satisfacían sus deseos sexuales y sus pasiones afectivas al margen del matrimonio con esclavas, concubinas, cortesanas, siervas de la gleba, obreras, amantes y prostitutas. La situación de las mujeres no podía ser más lamentable: O esposas decentes y asexuadas, volcadas afectivamente en el amor a los hijos, o violadas y abusadas por los hombres que no tenían remilgos en satisfacer sus deseos por la fuerza. Precisamente, esta situación de represión del amor y de la sexualidades femeninas, vino a encontrar su manera de emanciparse con la llegada de la Modernidad y sus cambios revolucionarios. Así, estas mujeres que comienzan a sentirse “propietarias de sí mismas”, que comienzan a reclamar sus derechos y a liberarse de la tutela masculina, inventan el amor romántico como una forma de incluir el amor y la sexualidad en el seno de las relaciones matrimoniales. El matrimonio deja de ser una alianza entre familias para convertirse en una pareja moderna, en la que dos personas, libre y voluntariamente, deciden unir sus existencias en base al atractivo erótico mutuo y a la resonancia afectiva entre los dos. Como muy bien ha analizado Anthony Giddens, en su obra “La Transformación de la intimidad”, la pareja moderna y su amor romántico surge al mismo tiempo que el invento de la imprenta y las primeras ediciones de masas fueron novelas de amor (que en francés se llama “romance”, de ahí lo de “amor romántico”) El amor romántico es el intento de las mujeres por emanciparse de la tutela familiar y convertir el matrimonio en un proyecto de vida estable en el que poder vivir su sexualidad y su amor compartidos con su pareja. Sin embargo, el talón de Aquiles de este cambio revolucionario fue su sometimiento a las características de la cultura de los géneros. Unas relaciones basadas en la desigual consideración de lo femenino y lo masculino generaban grandes dificultades para la comunicación y aún mayores problemas para consensuar proyectos de vida. Tanto la literatura como el cine nos siguen dejando suficientes muestras de esta estereotipia de género (la mujer buscando el “príncipe azul” que le dé protección y provea a sus necesidades y el hombre que busca la “princesa rosa” que le dé prestigio y belleza seductora). Actualmente, a pesar del empeño con el que se sigue celebrando el 14 de Febrero, a pesar de las cenas insólitas para dos, de los viajes exóticos y de los regalos cursis y empalagosos, el amor romántico se ha convertido en un lastre para la liberación de la mujer y en una condena para el hombre cuyas posibilidades de encontrar pareja dependen de su éxito social. Una crítica radical del amor romántico ha de partir de la consideración de su obsolescencia en relación a los progresos del feminismo. En la medida que la sociedad avanza en términos de igualdad, el amor romántico queda reducido a algo antiguo, desfasado y fuera de onda. Es por eso que reivindico el cambio de contenidos de esta fecha y que en vez del “Día de los Enamorados” se transforme en el “Día del Amor Igualitario” más a tono con los cambios actuales
3. Amor romántico versus pensamiento amoroso: Al comienzo del libro, la autora apunta que su intención es hacer un análisis radicalmente crítico del amor romántico. Pero en el desarrollo de este planteamiento, sustituye este concepto por el de “pensamiento amoroso”, considerado éste como único, hegemónico y universal, es decir, un concepto abstracto que no refleja la riqueza y variedad de la afectividad humana y sus plurales formas de expresarse. Hacer una crítica del pensamiento amoroso es como hacer una crítica de nada y buscar alternativas más allá del amor es negar la importancia de la afectividad en el desarrollo del ser humano, que ya en el nacimiento necesita de la pulsión del apego para sobrevivir. No existe un pensamiento amoroso, sino muchos, tanto a nivel individual como colectivo. Para el enamoramiento-amor-pasión, los humanos han elaborado distintas teorías con el fin de justificar las bondades de su obrar y dar por buenos los crímenes que en su nombre se han cometido: Pensamientos filosóficos, religiosos, poéticos, literarios, incluso, jurídicos, han permitido que los hombres mantengan durante milenios sus relaciones depredadoras hacia las mujeres, consideradas meros objetos sexuales y domésticos. No se puede confundir el pensamiento sobre el enamoramiento-amor-pasión con el pensamiento sobre el amor romántico, que, como ya hemos visto en el punto anterior, es cronológicamente posterior y se plantea como una alternativa (aunque fallida) al primero. La actual hegemonía del pensamiento del amor romántico, tanto en su versión heterosexual como homosexual, abarrota las estanterías de las librerías y copa las carteleras de cine y teatro. Sin embargo, los evidentes avances del feminismo, en su lucha por establecer la igualdad de derechos y el respeto a la diversidad identitaria, está logrando que el amor romántico se coloque en franca retirada, ante la aparición de nuevas formas de pensar el amor. No es necesario ir más allá del amor para encontrar nuevas alternativas al amor romántico. Las tres propuestas de la autora (reciprocidad, reconocimiento y redistribución) pueden encajar perfectamente en una elaboración teórica del amor entre iguales. Anthony Giddens le llama “amor confluente” pero puede buscarse otros términos para designar una forma de relación amorosa que se produce entre dos personas que se consideran Sujetos iguales y diversos, vínculos afectivos sin sombra de desigualdad y dominación de género, relaciones “puras” porque en ellas no están presentes ni la adicción tóxica ni la dependencia neurótica. Un amor así entendido, tiene su principal característica diferenciadora de los demás amores en que no es egoísta, sino empático. La empatía o capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, es una cualidad humana que, a nivel afectivo, se expresa de inmediato con dos emociones: La compasión hacia el sufrimiento de las demás, y la congratulación hacia la dicha de las demás. En una relación estable, la profundización en el conocimiento de la otra, convierte estas emociones en un hábito sentimental que llamamos amor. Este amor empático, gracias al cual la persona toma conciencia de que su bienestar depende del bienestar de la otra, debe surgir del reconocimiento mutuo como sujetos iguales y diversos, debe ser recíproco pues, si no hay reciprocidad, automáticamente surge la desigualdad en forma de dependencia, adicción o altruismo sacrificial, y, por último, debe contemplar la redistribución entre las partes, tanto en tareas y proyectos, como en placeres y bienestar. El amor empático o confluente, nace del amor propio de cada persona, pues nadie puede dar nada de aquello de lo que carece. “Ama a los demás como te amas a ti mismo” o “No quieras para los demás lo que no quieras para ti mismo”. Requiere del conocimiento, la sinceridad y la capacidad de negociación. El enamoramiento-amor-pasión es fruto de nuestra animalidad, el amor romántico hace relación a la cultura de los géneros y el amor empático o confluente surge de la madurez humana que se genera en personas libres, iguales y fraternas. Por todo lo dicho, os deseo un feliz 14 de Febrero, Día del Amor Igualitario.

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